Caracas a través de sus terremotos
Santiago de León de Caracas siempre ha sido una ciudad de riesgos. Fundada, en 1567, en un valle fértil de topografía abrupta, sometido a la acción ¡terrorífica! del sistema de fallas de San Sebastián -por no hablar de los otros-, la ciudad ha padecido a lo largo de cinco siglos de historia más de 700 sismos sentidos y 4 terremotos destructores; a saber, el sismo de San Bernabé del 11 de junio de 1641; los terremotos del jueves santo del 26 de marzo de 1812; el sismo de San Narciso del 29 de octubre de 1900 y el terremoto Cuatricentenario del 29 de julio de 1967. Adicionalmente, durante el siglo XVIII, Caracas fue sacudida por el terremoto de Santa Úrsula, ocurrido el 21 de octubre de 1766, importante evento sísmico con probable epicentro en la región oriental del país.
De estos terremotos, los más devastadores fueron los eventos ocurridos en 1641 y 1812, los cuales no solo arrasaron con las construcciones más importantes de la ciudad sino que frenaron su expansión y evolución durante décadas. El sismo del 11 de junio de 1641 fue el primer terremoto registrado en Caracas; su magnitud ha sido estimada en 6,9 (Fiedler, 1961). Este terremoto causó grandes destrozos en Caracas y La Guaira, arrasó con las construcciones más importantes de ambas poblaciones, dejando un saldo fatal de 80 muertos aproximadamente. Los distribución de los daños en Caracas puede verse en el mapa a continuación (Leal Guzmán, 2018)
El terremoto del 21 de octubre de 1766, con una magnitud estimada entre 6,5-7,5 (Mocquet, 2007) produjo daños moderados en los templos caraqueños que fueron atribuidos más a los vicios constructivos que a la fuerza del temblor. La calificación y distribución de los daños se presenta en el siguiente mapa (Leal Guzmán, 2018). Como los caraqueños no sabían ni podían saber que el sismo de 1766 tenía epicentro en Oriente y que había sido un sismo profundo, pensaron que se habían salvado por los pelos de un desastre sísmico. Naturalmente, en consonancia con la época, le atribuyeron el milagro a Nuestra Señora de las Mercedes que desde entonces ostenta el título de Abogada contra terremotos de Caracas, así que recurran a ella la próxima vez que tiemble... Aunque para no faltar a la verdad, este patronazgo no tuvo mucho efecto ya que al sismo de 1766, le siguieron los terremotos de 1812, 1900 y 1967, por nombrar solo a los eventos destructores.
En Caracas, el terremoto del 26 de marzo de 1812, de magnitud 7,1±0,33 (Choy et al., 2010) causó los más increíbles destrozos en edificios e infraestructura, quedando la ciudad sembrada de ruinas y escombros durante unos 60 años. No obstante, este sismo no produjo modificaciones significativas en la forma y estructura urbana, ni afectó la permanencia de algunos hitos importantes como la plaza Mayor, la Catedral y la iglesia de San Francisco, los cuales siguieron en sus emplazamientos originales, a punto para ser sacudidos y algo estropeados por el sismo que despertó a los venezolanos -no solo a los caraqueños- a las 4:41 horas del 29 de octubre de 1900. Los daños producidos por el sismo de 1812 en la ciudad de Caracas han sido documentados y cartografiados por Altez (2014), como puede verse a continuación:
El terremoto del 29 de octubre de 1900, ocurrió a las 4:41 horas y su magnitud ha sido estimada en 7,54 ± 0,31 (Vásquez et al., 2018) Este evento, que fue percibido en casi todo el país, produjo daños en diversos grados en la región central con especial afectación de Guarenas, Guatire, Macuto y las poblaciones ubicadas en el litoral de Barlovento. Además de ocasionar el colapso de varias edificaciones, techos caídos, paredes agrietadas, muros desplomados, el sismo de 1900 ocasionó diversos efectos geológicos como derrumbes, deslizamientos, licuación, alteraciones hidrotermales, entre otros fenómenos inquietantes. Por si fuese poco, también produjo un tsunami que afectó las costas de Barlovento y del estado Anzoátegui. En Caracas, aunque el susto fue grande, los efectos del terremoto de 1900 fueron moderados. Si bien los daños fueron de consideración, la ciudad siguió en pie, de modo que, en febrero de 1901 estaban los caraqueños celebrando el carnaval como si allí no hubiese pasado nada.
Un periodista de la época señaló que los caraqueños seguían con sus vidas tan tranquilamente y que sin duda alguna, las consecuencias de ese descuido las pagarían quienes viviesen en los 60... ¡Caramba, qué tino! Ese periodista que se hacía llamar El Duque de Gamboa y a quien no he logrado identificar con propiedad, se hubiese quedado de una pieza de saber que el próximo terremoto destructor de Caracas estaba a 67 años de distancia. La calificación y distribución de daños en Caracas, puede verse a continuación (Leal Guzmán, 2018):
Como ocurrió durante la celebración de los 400 años de Caracas, el terremoto Cuatricentenario tiene resonancias trágicas. Las festividades quedaron brutalmente interrumpidas cuando el 29 de julio de 1967, a las 20:05 horas, un terremoto de magnitud 6,6 sacudió la ciudad (Suárez and Nábělek, 1990). Este era el primer evento sísmico que afectaba a una Caracas verticalizada y en pleno proceso de esa expansión urbana y demográfica, ocasionado pérdidas materiales por un monto de 500 millones de bolívares, un trágico saldo de 300 víctimas fatales y más de 2.000 heridos. No en balde, sus efectos superaron con mucho el nivel de destructividad alcanzado, por ejemplo, por los terremotos de 1812 de magnitud 7,2 y del terremoto de 1900, cuya magnitud ha sido estimada en 7,6. Un testigo de los sismo de 1900 y 1967, afirmaba que el primero había sido mucho más fuerte pero que en 1967 "había más edificios para destruir".
Por otra parte, el terremoto de 1967 constituye uno de los eventos sísmicos venezolanos más importantes en cuanto al impacto que tuvo a nivel urbanístico, arquitectónico, técnico, científico e institucional. Sólo hasta el terremoto Cuatricentenario se evidenciarían tanto las carencias a nivel de la investigación sismológica venezolana, como las carencias institucionales. Por su parte, las consecuencias del terremoto de 1967 resultaron trascendentes en la ingeniería estructural venezolana, ya que la desigual distribución de daños a través de la ciudad, que puede apreciarse en el mapa a continuación (JICA, 2004), hizo patente la relación entre las condiciones del suelo y los daños sufridos por las edificaciones, dando un impulso definitivo a los estudios de microzonificación sísmica en el país. Otro efecto importante de este terremoto fue la creación, en 1972, de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, institución que desde entonces se encarga del monitoreo de la amenaza sísmica nacional con todas las implicaciones científicas que esto tiene.
Referencias
Altez, R. (2014) Historia comparada de los sismos de Caracas: dinámica y variabilidad de las intensidades. Revista Geográfica Venezolana, Vol. 55(1): 129-153.
Choy, J., Palme, C., Guada, C., Morandi, M and Klarica, S. (2010) Macroseismic interpretation of the 1812 earthquakes in Venezuela using intensity uncertainties and a priori fault-strike information. Bulletin of the Seismological Society of America, 100(1): 241-255.
Fiedler, G., (1961) Áreas afectadas por terremotos en Venezuela. Memorias del III Congreso Geológico Venezolano, 4(1): 1791-1810.
Leal Guzmán, A. (2018) Contra temblores. Lecciones urbanas del sismo de San Narciso del 29 de octubre de 1900, en la ciudad de Caracas [Tesis Doctoral] Universidad Central de Venezuela.
Mobil de Venezuela (1966) Caracas cuatricentenaria: su crecimiento a través de 14 planos. Caracas: Departamento de Relaciones Públicas de Mobil de Venezuela.
Mocquet, A. (2007) “Analysis and interpretation of the October 21, 1766 earthquake in the Southeastern Caribbean”. Journal of Seismology, 11(4): 381-403.
Suárez, G., and Nábělek, J. (1990) The 1967 Caracas Earthquake: Fault Geometry, Direction of Rupture Propagation and Seismotectonic Implications. Journal ff Geophysical Research, 95(811): 17,459-17,474.
Vásquez Stanescu, R., Leal Guzmán, A., Rodríguez, J. A., Audemard, F. (2018) Reevaluación del terremoto del 29 de octubre de 1900 en Venezuela. Segunda parte: cálculo de los parámetros de la fuente, Geominas, 46(77): 225-237.






Un aporte al conocimiento. Enhorabuena
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